Historia

Historia de Benissoda



HISTORIA


El origen de la población es muy antiguo. En las tierras comprendidas entre el Castell Vell y la Font de la Petaca, se encuentran restos de al menos tres corrales de ganado, que confirman, que en la Edad de Bronce Valenciano (2.000-1700 a.de C.) este territorio ya estaba habitado por gentes, iberos, dedicados preferentemente a la ganadería, y según parece, ensayando algún cultivo hortícola.
    Aguas abajo de la fuente del Baladrar, en la margen izquierda del barranco, entre su primera y segunda curva, lugar conocido por "Serreta del Tio Ximo", aquellas gentes prepararon una parcela de tierra y, dando entrada al agua del citado barranco, crearon la primera huerta en lo que hoy es el Término Municipal de Benissoda.
    Con la dominación árabe adoptaron sus costumbres y la religión musulmana. A los árabes se les atribuye la reorganización y el perfeccionamiento del "Rec del Llombo y de les Hortes del Poble".
    Después de la reconquista fué dada por Jaume I a Pere Rodriguez.
    Entre 1525 y 1609 se intenta convertir a los musulmanes de Benissoda (árabe-parlantes) en cristianos nuevos. Se fracasa en el intento y acaban expulsandolos al Norte de África.
    En el año 1609 con la expulsión de los moriscos Benissoda queda vacía y es  repoblada con gentes de Agullent y Albaida (cristianos viejos). Estos repobladores son los primeros valencianos de Benissoda. En el año 2010 Benissoda cumplió 400 años como pueblo valenciano.
    La economía de los habitantes de Benissoda  hasta hace pocos años era fundamentalmente agrícola, pero en la actualidad se trabaja mayoritariamente en la industria, dedicándose a la tierra a tiempo parcial.
    Se ha de prestar especial atención a la trama urbanística actual, que ha hecho una muy interesante recuperación arquitectónica del núcleo urbano más antiguo, adaptándolo a los tiempos pero respetando  lo autóctono valenciano.

El escudo heráldico de Benissoda

Al M.I. Ayuntamiento que regía los destinos de Benissoda en el bienio 1971-72 cabe el honor de haber tomado durante su mandato una decisión que los anales de la historia local registrará como una de las más trascendentales. El 2 de diciembre de 1971, reunida la Corporación plenaria en sesión extraordinaria, bajo la presidencia del señor Alcalde, don Manuel Lluch Espí, con asistencia del Teniente de Alcalde, don Miguel Lluch Ferri, Concejales, don Antonio Roig Espí y don José Roig Espí, y actuando como Secretario don Juan Tormo Ribas, se tomó por unanimidad el plausible acuerdo de crear el Escudo Heráldico de que carecía Benissoda, designando a Francisco Ferri Martínez para la misión de estudiar y proponer, en su día, el dibujo de aquellos blasones que con más fidelidad simbolizaran la historia, las tradiciones y peculiaridades de nuestro pueblo, así como redactar la correspondiente Memoria histórico-justificativa.


El 16 de Enero de 1972, en la Casa Consistorial, bajo la presidencia del citado señor Alcalde, se constituyó una Asamblea de todas las fuerzas vivas de la población, con asistencia de la Corporación Municipal, Consejo Local del Movimiento, Hermandad de Labradores, señor cura párroco, Rvdo. don Vicente Ferrer, señor Juez de Paz, don Vicente Espí Guerola, Maestra Nacional, señorita María Elena Pérez Marcos y relevantes personalidades de la localidad y de otras afectivamente vinculadas a la misma, como don Vicente Gil-Mascarell Pont, cronista oficial de la ciudad de Albaida y don Vicente Vidal Bonet, ilustre abogado de Valencia. Abierto el acto, fueron leídas las adhesiones del M.I. señor don Juan Revert Porta, canónigo de la S.I. Colegiata de Grandía y Rvdos. don Rafael Bordería y don José Ferri Lluch, hijos de Benissoda, a quienes no les fue posible su asistencia al acto. Igualmente fue leída una carda de don Alejandro Bataller Madramany, ilustre abogado de Valencia, quien habiendo estudiado el proyecto, prestaba su valiosa adhesión en términos elogiosos. Acto seguido fue presentado a la Asamblea el dibujo del proyectado Escudo Heráldico y tras ser leída la Memoria histórico-justificativa, los concurrentes otorgaron unánime y entusiasta aprobación a ambos documentos.


El 28 de junio de 1972 se eleva la correspondiente solicitud al Ministerio de la Gobernación y éste, con fecha 13 de marzo de 1973, en escrito dirigido a la Alcaldía, transcribe el dictamen de la Real Academia de la Historia, que en su parte esencial, refiriéndose a uno de los cuarteles propuestos, dice: "No parece opotuna su permanente rememoración, pues que de una lucha fraticida al fin se trata, no importa que retrotraída a la pasada centuria". El 10 de mayo de 1973, previo ajuste respetable criterio de dicha Real Academia de la Historia, se eleva, por segunda vez, solicitud al citado Ministerio, el cuál, en escrito de 6 de noviembre de 1973, comunica a este Municipio la aprobación de su Escudo Heráldico. De la parte dispositiva de dicho escrito, transcribimos literalmente lo siguiente:


"En su virtud, por Decreto 2.081/1973, de 26 de julio (B.O.E. núm. 214, de 6 de septiembre de 1973), dictado a propuesta del Ministerio de la Gobernación y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 26 de julio de 1973, se autoriza al Ayuntamiento de Benissoda, de la provincia de Valencia, para adoptar su Escudo Heráldico Municipal, que quedará organizado de la forma siguiente, de acuerdo con el dictamen de la Real Academia de la Historia: Escudo partido. Primero, en campo de oro, cuatro palos de gules. Segundo, en campo de sinople, un creciente ranversado de plata. En punta de plata, un olivo de sinople. Timbrado de corona marquesal."


Memoria histórico-justificativa de los blasones del Escudo Heráldico de Benissoda.


Escudo forma española, partido y en punta.



EXPLICACIÓN DE LOS CUARTELES:


PRIMERO: EN CAMPO DE ORO, CUATRO PALOS DE GULES, ARMAS DE ARAGÓN.


En 1284, don Jaime el Conquistador entra en el Valle de Albaida; y en Benissoda, que en tal efemérides eran dos o tres alquerías árabes, queda liberada del yugo musulmán. No obstante, la pequeñez que se le atribuye en dicha época ya tenía su Mezquita, dotada con varios campos de huerta y otros de secano, con olivos y algarrobos, que pasaron a la propiedad de la Iglesia. Un documento del Archivo de la Catedral de Valencia, de 1535, entre otras disposiciones referentes a la desmembración de la Iglesia de Benissoda de la de Albaida, dispone: "Que la renda de la olim mesquita de dit lloc servixca per a la fábrica y ornament de dita esglesia."


Después de la reconquista, el pueblo siguió habitado por moriscos, hasta su definitiva expulsión decretada en 1609, de cuya época conservamos algunos nombres de sus moradores como Abdalla, Albiari, Arraiz, Arbi, Asisa, Benzeis, Casim, Dordura, Darrazmen, Faraig, Hillell, Hiemev, Mansor, Mandel, Rida y otros muchos. En 1617 Benissoda aparece despoblada y en 1622 cuenta con 36 casas y 70 personas de comunión.


SEGUNDO: EN CAMPO DE SINOPLE, UN CRECIENTE RANVERSADO DE PLATA.


Benissoda fue fundada por los árabes, quienes le dieron el nombre de BANI-SAWDA, nombre de família.


Testigo de la ocupación musulmana es, entre otros, la Almazara de la Aljama, hoy transformada en vivienda. Este edificio, por su sólida y airosa construcción, con aspilleras y estratégico emplazamiento, a la vista de Benicadell, fue con toda seguridad levantado para que, en casos especiales, resultara idóneo para ser utilizado como puesto de vigilancia, lugar de concentración y posible reducto de defensa. Dos toónimos son vigente testimonio de dicha ocupación: DUMEY, con el que designamos la partida de nuestro término municipal, lindante con el de Agullent y Llombo, con cuyo nombre designamos a una fuente ("Naiximent del Llombo"), orígen de un viejo riego; a una partida, la del Llombo, y a una masía, "Casa del Llombo", en tiempos, poblado árabe.


En el río del Baladrar, próximo a la "Fonteta del Dragó", partida de la Palmera, existen en la actualidad restos de dos presas construidas por los árabes, una en sustitución de otra, desaparecida la última de ellas el año 1884, recordado como "l'any del Diluvi", y cuya finalidad era proporcionar la energía necesaria para el funcionamiento de un molino harinero del mismo origen y desaparecido en el mismo año por igual causa, cuyos restos aún subsisten en el llamado "Bancal del Molí", partida Vistabella.


PUNTA: EN CAMPO DE PLATA, UN OLIVO, PIEZA PRINCIPAL DEL ESCUDO HERÁLDICO DE LA CIUDAD DE ALBAIDA (VALENCIA).


Desde su alborear hasta nuestros días, de una u otra forma y en mayor o menor grado, Benissoda estuvo siempre unido a Albaida; primero como Alquería o alde árabe, luego integrado en su Señorío, Baronía, Condado y Marquesado; y últimamente formando parte de su Partido Judicial, y si bien es cierto que bajo esta forma también perteneció a Ontinyent, ello no fue óbice para que cada día fuese más apretado y fraternal el milenario abrazo con Albaida.


En razón a que ambos pueblos, ramas de un mismo tronco, han corrido siempre las mismas vicisitudes, Benissoda, a la hora de adoptar su Escudo Heráldico, deseando perpetuar en él esa hermandad cimentada sobre el afecto mutuo, la lealtad y los siglos, incorpora al mismo la pieza principal del Escudo Heráldico de Albaida, para que, como testimonio indeleble, recuerde a venideras generaciones que a la simbólica sombra del noble olivo nació y creció nuestro pueblo.


AL TIMBRE, CORONA DE MARQUÉS.


Cuanto queda expresado en PUNTA, justifica plenamente la significación del Timbre.

La Huerta del Baladrar

En las tierras comprendidas entre el Castell Vell y la Font de la Petaca se encuentran restos de al menos tres corrales de ganado, que confirman que en la Edad del Bronce Valenciano (2000-1700 a. de C.), este territorio ya estaba habitado por gentes, preferentemente dedicadas a la ganadería y, al parecer, ensayando algún pequeño cultivo hortícola.

Aguas debajo de la fuente del Baladrar (hoy dormida), en la margen izquierda del barranco, entre su primera y segunda curva, lugar conocido por “Serreta del Tío Chimo”, hoy propiedad de los hermanos Camallonga, aquellos baladrarenses prepararon una parcela de tierra y, dando entrada al agua del citado barranco, crearon la primera huerta en lo que hoy es el Término Municipal de Benissoda. Esta parcela, por su reiterado riego con dichas aguas, adquirió el derecho preferente sobre las mismas, tras lo cual una cortina de siglos ocultan las vicisitudes corridas por dicha Huerta, testigo de grandes acontecimientos históricos, entre los que sobresale el nacimiento de Jesucristo.

Vinieron los árabes, a los que la Huerta debió obsequiar con sus mejores frutos y los recién llegados, caballerosamente, respetaron su integridad y ratificaron sus derechos. A los árabes se les atribuye la reorganización y perfeccionamiento del “Rec de El Llombo y de les Hortes del Poble”, y con tal motivo se estudiaría las particularidades de las fuentes afectadas, preferentemente ésta de El Baladrar, lo que daría mayor protagonismo a la Huerta, ya que por derecho consuetudinario era el único usufructuario directo y sin limitaciones de las aguas de este manantial.

Es evidente que hubo reuniones entre los interesados en este asunto, que serían todos los vecinos, y que de ellos saldría un acuerdo similar al que simulamos:

-          Perforar el compacto peñascal, que destruye y desvía la salida del agua y sobre roca viva realizar los trabajos pertinentes para lograr la “salida cavallera” de la misma; construir un azud a la altura de la Huerta y una acequia para conducir el agua hasta “Coves de L’Arena”, lugar idóneo para construir un partidor de aguas, “La Mota”.

-          Ratificar el derecho de riego de la Huerta.

-          Asignar una dotación suficiente de agua para “servicio de la Aquería”.

-          Repartir equitativamente las aguas restantes entre los dos riegos citados.

Cuando en 1609 se decretó la expulsión de los Moriscos del Reino de Valencia, los de esta estirpe que poblaban Benissoda como tales proscritos, tuvieron que abandonar sus campos, sus casas, las tumbas de sus deudos, provisiones y demás cosas y, comiéndose las lágrimas, dar el adiós a su Tierra, a su Patria y marchar a un exilio peor que la muerte, pasando sus bienes, adquiridos con muchos sudores, al dominio de los nuevos repobladores y concretamente la Huerta del Baladrar a uno de ellos apellidado Guerola, quien ya la debía de conocer por proceder de Agullent.

Esta huerta, trabajada con solicitud, abonada con mantillo del monte circundante y bien regada a su tiempo, producía las primeras y más sanas hortalizas del Término, lo que suscitaba algunas envidias y hubo quien enfermó de rabia, al verse impotente para clavar sus uñas en el milenario “derecho de riego”. No se alteraban si las ratas y la desidia perforaban los “queixers” de las acequias por donde se perdía una considerable cantidad de agua, per su orgullo no les permitía aceptar que alguien, ejerciendo un derecho adquirido cuatro mil años atrás, regara cada seis u ocho días una diminuta parcela, que no consumía más del 0,25% del caudal.

El propietario de la Huerta era hostigado por todas partes y continuamente recibía proposiciones, ofertas, halagos y veladas amenazas, y como nada socavaba el firme propósito de seguir regando su predio, sus enemigos desataron contra él la más denigrante campaña de mendacidades que recuerda Benissoda y convenciendo a los más allegados, presionando sobre los que de alguna manera dependían de ellos, halagando a unos y amenazando a otros, lograron dividir a los vecinos en dos bandos dispuestos a exterminarse. Se olvidó el mirar noble y el saludo amistoso, los amigos de ayer no se conocían hoy, se despreciaban vínculos, se insultaba y se mentía sin freno y desapareció la costumbre de “deixar la clau al pany”, señal de estado de guerra.

En este crítico momento, intervino el Rvdo. D. Juan Bautista Llácer Oltra, recordado afectuosamente por el Vicari Vellet, Cura Párroco de Benissoda, quien con su gran autoridad moral, diplomacia, cariño y bondad, logró que decreciera la agresividad de uno y otro bando y por último consiguió, que el Tío Chimo, D. Joaquín Guerola, dueño de la Huerta, vendiera al Municipio el derecho preferente de riego de la misma, evitando con ello algún día de luto para nuestro pueblo.

El milenario derecho preferente de Riego de la Huerta del Baladrar, primera página de la Historia Hortícola de Benissoda, orgullo de nuestro Pueblo y admiración de la Comarca, que a todos honraba y a nadie perjudicaba, respetado por la multitud de generaciones de diversas razas a través de siglos sucumbió bajo la acción de la envidia, el despotismo y la incultura de quienes por muchas razones venían más obligados a respetarlo y perpetuarlo con honra.

El Ayuntamiento, en sesión celebrada el día 12 de Diciembre de 1854, acordó entregar a D. Juan Bautista Llácer Oltra, presente en dicho acto, la Escritura de los citados derechos, para que con mayor seguridad se guardara en el Archivo Parroquial.

Actualmente se desconoce la existencia de la Escritura, se cree que pudo ser quemada en unión de otros documentos y papeles en una hoguera que se hizo delante de la Casa Abadía, al principio de la Guerra Civil de 1936.

El Baladrar

Con millares de atractivas flores está escrito su nombre, EL BALADRAR. Parte meridional baja de nuestro Término Municipal, comprendida entre los términos municipales de Albaida al Este y de Agullent, con una serie de lomas que lo definen por el Norte y lo convierten en una Alcazaba natural cuyas atalayas ofrecen el entrañable panorama de nuestra VALL D’ALBAIDA. El Baladrar, gérmen de BENISSODA, origen de las fuentes que le dieron vida y generan su economía, cuna del prestigio de que goza nuestro pueblo en materia de ganadería menor, asentamiento de su primera huerta y arcano de guarda junto con su fecundo pasado el secreto de su futuro.

Antiguamente en la VALLETA D’AGRES situada a mayor altura sobre el nivel del mar que El Baladrar, existían parcelas de terreno permanentemente pantanosas (aigua-molls), circunstancia que convertía a nuestro Territorio en un delicioso fontanar. Con el tiempo se fueron drenando dichas parcelas y en la medida que esto se producía, se empobrecía nuestro acuífero; pero según testimonio de nuestros mayores, el golpe fatal para nuestras fuentes fue la construcción de los ferrocarriles de Xátiva a Alcoi y Chicharra que pasan por la VALLETA, pues para su tendido se efectuaron eficientes obras de desagüe que eliminaron dichos “aiguamolls”, cuyos perjuicios para nuestras fuentes fueron ostensibles.

“De Mariola venen les fonts y d’Aielo els trons”, dice el refrán. Y una popular leyenda nos recuerda, que por debajo de la sierra Mariola corren unos caudalosos ríos que son las nodrizas de todas nuestras fuentes, desde Bocairent hasta Pego. El Diario LAS PROVINCIAS, de 12 de agosto de 1984, publica un artículo de Miguel Abad, titulado “AGRES Y LA MORENETA DE MARIOLA” del que entresacamos lo siguiente:

“La Font de Parats, Els Albres, El Sirer y decenas más salen de la sierra de Mariola, en donde muchos años, expertos espeleólogos han intentado incansablemente, encontrar ese gran lago o río subterráneo de Mariola, y a decir verdad que motivos hay para ello. En la Mola, un avenc de cerca de 100 metros de profundidad termina en una grieta no apta para el paso de un hombre y que da a un gran río subterraneo de gran caudal, que bien podría ser el que da una emisión de aguas en el Chorrador de Alcoi”.

Examinando los distintos aspectos hidrológicos de EL BALADRAR, los restos de obras de captación y aprovechamiento de sus aguas, con los datos tradicionalmente conocidos, llegamos a la certeza de que éste territorio fue en su día, gracias a sus aguas, un vergel, donde las plantas encontrarían las condiciones adecuadas para su más óptimo crecimiento, los peces sus peculiares condiciones de vida, los animales terrestres, los recursos y ambiente propicio para su desarrollo y las aves, el podio idóneo para proclamar con sus trinos las excelencias de este paraje.

Tan paradisíaco lugar no podía pasar inadvertido, y así vemos que en la Edad del Bronce Valenciano, EL BALADRAR aparece poblado por gentes que sin desdeñar la caza, la pesca y otros recursos naturales, se dedican con destacada pericia al pastoreo, creando un centro ganadero de alto prestigio en la Comarca, según revelan los restos de corrales, abrevaderos y convergencia de vías pecuarias.

Evocamos la bella imagen que de ordinario ofrecería EL BALADRAR, animado con la presencia de sus primeros pobladores, primeros en acariciar nuestras tierras, descubrir nuestras fuentes y contemplar al sol, descrestando BENICADELL, para inundar con sus rayos nuestra VALL.

Quisieron vivir en paz, pero cuando no los dejaron, trocaron el cayado de pastor por las armas del guerrero, para defender la posesión de sus codiciados ganados, sus tierras y sus vidas.

El Cólera

El cólera es una enfermedad infecciosa y epidémica muy contagiosa, que desde 1833 ha hecho su aparición en España en repetidas ocasiones, pero cuando en Benissoda se habla de dicha enfermedad, se sobreentiende que se trada de la epidemia sufrida en 1885, única que afortunadamente ha padecido nuestro pueblo, que recuerda como “Any del cólera”.

En los últimos meses de 1884, un barco, que procedente de Orán, atracó en el puerto de Alicante trajo dicha epidemia, que rápidamente se propagó hacia Elche, por un lado y hacia Gandía por otro, pero a finales de este mismo año parecía haber desaparecido; no obstante había quedado un pequeño foco en BENIOPA, de donde a principios de 1885 pasó a Gandía y de aquí a los pueblos de la Ribera, Valencia, Xátiva y LA VALL D’ALBAIDA.

El cólera producía una pertinaz diarrea, vómitos, calambres musculares, sequedad de la piel, deshidratación y como consecuencia una sed muy intensa. Creyendo que la causa de dicha enfermedad era el agua, a los enfermos, no sólo se les prohibía beber, sino que a muchos de ellos se los ataba a las camas para evitar que lo hicieran, aprovechando algún descuido de sus familiares; no obstante algunos de aquellos enfermos lograron salvarse saltando de las camas y bebiendo a placer (“a morro de canter”), ya que el agua restablecía el equilibrio líquido.

No procede dramatizar, contando cosas que sobre el cólera hemos oído de labios de nuestros mayores; pero sí debe  quedar constancia de que el insuperable pánico al contagio de dicha enfermedad llevaba a muchas personas a extremos de crueldad, dando por muertas y enterrando a personas, que después de horrorosos trances, aún vivieron largos años. Conocemos el caso de una señora de una población vecina, que viendo próximo su fin aceptaba cristianamente la muerte, pero le horrorizaba pensar que pudiera ser enterrada con vida y para que esto no ocurriera, suplicando y con los ojos bañados en lágrimas, recabó la promesa de su fiel sirvienta de que al morir no la abandonaría ni permitiría que la enterraran hasta pasadas 24 horas, lo que llevó a efecto escrupulosamente la leal doméstica, que como recompensa terrenal, recibió la dulce mirada de agradecimiento de su amada señora.

En total hubo 11 muertes a causa del cólera en nuestro pueblo, todas ellas entre junio y agosto de 1885.

El cordón sanitario de un pueblo vecino no permitió la entrada en el mismo a una familia compuesta por el matrimonio y dos hijas, la cual ante dicha negativa se refugió en la casta PORRONES, partida LA SOLANA de nuestro Término Municipal, donde víctimas de dicha enfermedad murieron la mujer y las dos hijas. Era la familia al futuro Cardenal Reig y Casanova.

Por acuerdo entre Pueblo y Ayuntamiento, las FIESTAS PATRONALES, (8, 9 y 10 de Septiembre) quedaron reducidos los actos religiosos en honor de nuestros santos patronos, LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA, SANTO DOMINGO DE GUZMÁN Y LA SANTA BÁRBARA, como acción de gracias por la desaparición de tan aterradora epidemia.

La font


Tiene Benissoda, en proporción a la extensión de su Término Municipal de 4,23 kilómetros cuadrados, tantos manantiales, todos ellos de riquísimas aguas, que siempre hemos considerado tan feliz circunstancia como un especial privilegio otorgado por el creador a nuestro pueblo.


Paisajes paradisíacos jalonan el afloramiento y curso de estas aguas, pues no es su casualidad, sino causalidad, que una partida de nuestro Término se llama “El Paraís” y lamentamos que la masía en ella ubicada, que nació “Casa del Paraís”, no conserve tan bonito y significativo nombre.


Los nombres de estas fuentes nos recuerdan destacadas páginas de nuestra historia, así como hazañas, leyendas y tradiciones, que los siglos en su acción constante inscrustaron en el alma de nuestro pueblo.


Por todos estos manantiales sentimos justa admiración, pero jerárquicamente el primer tributo de nuestro entrañable cariño lo rendimos como corresponde a “La Font”, con cuyo título es conocida la fuente pública, que desde tiempos remotos abastece la localidad.


Sus aguas son consideradas como de calidad superior a todas las demás del Término y dignas de competir con las mejores de la comarca.


Benissoda, que siente  veneración por “La Font”, le dedicó la calle más próxima, que a su vez es la más antigua y más típica y desde ésta hasta donde mana el Manantial, todo le pertenece: “Camí de la Font”, Eres…, Riba…, Costera…, Açut…, Bancalets…, Palanca…, etc.; todo de “La Font”. Y a mayor abundamiento, lo que en unos sitios y en otros se llamaría Font del Barranc, aquí es “Barranc de la Font”, eclipsando en este tramo el auténtico nombre de esta vía de agua que es “Barranc del Baladrar”.


Según una hermosa mentira, cuando los moriscos recibieron la orden de abandonar esta tierra, la última noche de permanencia en ella, la pasaron haciendo continuos viajes a “La Font”, y cuando no tenían sed, besaban el agua.


La pena que afligía a estos  infelices “benisaudís” era tan inmensa que ni un solo instante dejaron de llorar y sus lágrimas, al tocar la tierra donde habían nacido y querían morir y que ya no volverían a pisar, se convertían en piedras del tamaño de un huevo y más grande, dejando el camino totalmente cubierto de ellas.


Pasado algún tiempo, los nuevos moradores las recogieron y con ellas empedraron totalmente “El Carrer de la Font” y todavía sobraron. De ahí que a estas piedras se las llamara “Llágrimes de Mòro”.


Muchos han sido los incidentes que en todo tiempo se han producido con respecto a La Font, todos ellos resueltos con la energía y cordura que se puede apreciar en el Acta que literalmente transcribimos.


En el lugar de Benissoda, a los veinte y cuatro días del mes de Junio de mil ochocientos treinta y nueve, reunidos en casa del Señor Carlos Bordería, Alcalde, en defecto de Capitular, los señores su Merced el referido Alcalde, José Porta y Sempere y José Ferri, Regidores y Francisco Ferri y Soriano, Procurador síndico, componentes del Ayuntamiento Constitucional del mismo; Don Juan Bautista Llácer, Vicente Juan, Joaquín Guerola, José Roses y Ferri, Vicente Roses y Ferri, Luis Ferri y Soriano, Matías Berenguer, Miguel Ferri y Ferri, Vicente Ferri y Ferri, Miguel Ferri y Soriano, todos de esta vecindad. Por el citado Procurador Síndico se hizo presente, que son diferentes las instancias que se le han hecho por varios moradores de este pueblo, quejándose de que las aguas de la Fuente común se advierten turbias y dañadas tantas cuantas veces riega José Tormo el campo situado en la parte anterior o superior de dicha Fuente, cuyo daño dimana de la filtración que es consiguiente de dicho riego y más por la innovación hecha en dicho campo, rebajando la superficie de éste, resultando por ello la aproximación de las aguas del riego a las del conducto de dicha Fuente, por lo que el exponente y demás circunstantes pedían al Señor Presidente mandase comparecer al citado José Tormo y que se le hiciese saber no regara dicho campo más que hasta la parte que antiguamente por este mismo tenía marcada y que si contraviniese  se le exigiese la penal correspondiente, por exigirlo así el estado de salud tan recomendado. Comparecido el contenido José Tormo por disposición del citado Señor Alcalde se le hizo saber la solicitud del indicado Síndico y demás concurrentes, previniéndole su merced, que llevaría adelante dicha solicitud en caso de contravención.


Así lo resolvieron y firmaron los que saben de qué certifico.


Juan Bautista Llácer (Vicario), Joaquín Guerola, Matías Berenguer, Vicente Juan, José Bataller (Secretario).


Todos los alcaldes que ha tenido Benissoda han acreditado su interés por “La Font”, realizando obras de conservación y mejora en caminos, abrevadero, lavadero, palanca, etc.


Entre los más recientes e importantes tenemos:


En 1914.- Presidiendo el Ayuntamiento D. Bautista Fuster Martínez, las dos ruedas de piedra del molino de la Almazara de la Aljama son transportadas mediante rulos de madera y colocadas una en cada margen como machones para sostén de la paleta, quedando un paso cómodo y resistente a las riadas.


El 10 de Enero de 1926.- D. Agustín Soler Guerola propone al Ayuntamiento y éste aprueba descubrir y limpiar el nacimiento y analizar sus aguas.


El 8 de Mayo de 1930.- D. Juan Calatayud Tormo manifiesta al Ayuntamiento que “el agua de la fuente sale por todos los sitios, menos por los caños, que su estado es deplorable y urge su reparación”. El Ayuntamiento así lo aprueba y seguidamente se procede a su ejecución.


El 20 de Julio de 1933.- D. Vicente D. Lloret Soler propone y así se aprueba, instalar luz eléctrica en el camino de la Fuente.


Recientemente, durante el mandato de D. Manuel Roig Guerola, se repara la Fuente y se construye el actual abrevadero y lavadero cubiertos.


Don Manuel Lluch Espí, siguiendo la tradición de sus antecesores en el cargo, en pro de “La Font” y en atención al vecindario que de ella se beneficia, en Julio último solicita de la Jefatura Provincial de Sanidad el análisis químico y bacteriológico de sus aguas potable en sus domicilios, agradecen en lo que vale tan importante mejora, pero en el corazón de todo benissodense sigue ocupando lugar preferente “La Font”.


 


Fuente: Homenatges. Francisco Ferri Martinez. 1999

La Mota

Con el nombre de “La Mota”, conocemos el partidor de las aguas procedentes de “La Font del Baladrar”, situado encima del “Alcavó Vell” de “La Font del Rec de les Hortes del Poble”, en las inmediaciones de “Coves de L’Arena”. Dicho partidor es una caseta de sólida construcción, con paredes y bóveda de piedra y mortero de cal, cuyas dimensiones exteriores son: 1,80 por 1,95 metros y una altura de 1,95 metros, con una puertecita recayente al río Baladrar.


El partidor tiene en su interior una poceta, con una entrada para el agua y tres módulos de salida para la misma, una de ellas denominada “La Teula” al primer nivel y las otras dos, totalmente iguales, al segundo nivel. Al entrar el agua en “La Mota”, se remansa en la poceta y al subir, alcanzando el módulo “La Teula”, sale por él cuanta agua admite, cuyo destino es “Servici del Poble”. Sigue subiendo el agua, y alcanzando los otros dos módulos, sale por ellos equitativamente repartida entre ambos; por el de la izquierda la dotación destinada al “Rec del Llombo” y por el de la derecha, la dotación destinada al “Rec de les Hortes del Poble”.


La privilegiada situación del módulo “La Teula” proclama sus derechos, siempre respetados con veneración; para él serán las primeras aguas que entran en el partidor, y sólo, cuando esté asegurada su dotación, pasará a los restantes módulos.


Ya las aguas fuera de “La Mota”, la dotación del Llombo, por una acequia que discurre entre el último campo de S.E. de la masía de la Palmera y la sierra, se une a las aguas de “La Font del Llombo” y al cruzas éstas el azagador y la dotación de “Hortes del Poble”, se une a la dotación de “Servici del Poble” y ambos, aparentando ser una sola dotación pasan a engrosar el caudal del “Rec de Hortes del Poble”.


A los poco versados asuntos de aguas, siempre llamó la atención el hecho de que unas asignaciones de agua, tan escrupulosamente separadas en “La Mota” se unieran al salir de ella. El origen de la unión de dichas dotaciones se remonta a los tiempos en que las aguas sobrantes del riego de “la Huerta del Baladrar” “anaven a pedre” y por ello fueron destinadas al servicio de los vecinos de las alquerías, origen de Benissoda; pero debieron de encontrar dificultades económicas para conducirlas a su destino separadamente, y en vista de ello, acordaron entregarlas al “Rec de les Hortes del Poble”, a condición de que dicho Rec, desde su balsa, prestara a los vecinos el correspondiente servicio.


La reorganización de los principales riegos propició los trabajos para aumentar el alumbramiento de aguas, en “La Font del Baladrar” con resultado satisfactorio, y a partir de esta fecha, todas las aguas captadas hasta el azud, después de atender el riego de la diminuta huerta del Baladrar, serían conducidas a “La Mota”, para desde ella proceder a su distribución, pactada de antemano.


Con carácter prioritario se fijó la dotación vecinal, que en lo sucesivo saldría de “La Mota”, pero una vez más, apareció el problema de la conducción a su destino por separado, en esta ocasión invisible por haberse quedado esquilmadas las economías de los vecinos después de los trabajos de captación, conducción y embalse de aguas realizados. Como consecuencia se acordó seguir abasteciendo al vecindario a través del “Rec de les Hortes del Poble”.


La dotación para el servicio vecinal ha llegado hasta nuestros días, concretada en una “Teula d’Aigua, con la denominación de “Servici del Poble”. “La Teula d’Aigua” es la vigésima parte de la “Fila” y ésta es la cantidad de agua, que sale por un orificio cuadrado de un palmo valenciano, con una velocidad de cuatro pies por segundo. (Palmo=23cm, Pie=278,5m/m)


La “Fila d’Aigua” se divide en “20 teules i 144 plomes” y, aunque puede alterarse su valor, según localidad, en ningún caso baja de los 46 litros por segundo, cantidad que en la presente ocasión, tomamos como punto de referencia.


La medida de una “Teula d’Aigua” asignada a “Servici del Poble” la consideramos generosamente calculada, hasta para abastecer a los cien fuegos (cerca de 500 habitantes), que llegó a contar Benissoda en la época morisca, ya que descontando pérdidas, el agua disponible no bajaría de los 1.500 litros por fuego y día (unos 300 litros por hora y día).


Para la correcta utilización de dichas aguas regías unas normas que aún hemos conocido, aunque posiblemente algo desvirtuadas. Como ya hemos dicho, al salir el agua del módulo “La Teula” se unía a la dotación del “Rec de les Hortes del Poble” y en el tapón de la balsa de dicho Rec se colocaba una caña de forma que “día i nit” dejara salir una cantidad de agua equivalente a la que “día i nit”, el Rec recibía de “La Teula”; dotación que “día i nit” llegaba al pueblo para el servicio de los vecinos.


Cuando por regar en “L’Horta de Dalt”, la fila no pasaba por el pueblo, en la última presa, se colocaba una caña similar a la que se utilizaba en el tapón de la balsa, para que en ningún momento los vecinos quedaran sin servicio, y cuando regaban en “L’Horta de Baix” cuya agua recorre el pueblo, los vecinos se abastecían de la Fila.


En caso de ocurrir algún incendio, todo vecino estaba facultado para dejar salir de la balsa la cantidad de agua que estimara necesaria para resolver el caso, hasta la llegada de algún “Elet” (encargado del riego), quien a partir de ese momento era el que se encargaba de regular el servicio.


Al igual que hoy, el agua entraba en el pueblo por el “Llavador de Dalt”, mediante un tramo de acequia elevado, que de menos a más, terminaba con una altura aproximada de 1,40 metros al final del cual había un módulo de salida del agua, conocido por El Chorro, el cual era un anillo de piedra de unos 60 cm de diámetro exterior, por cuyo módulo pasaba toda el agua que entraba en el pueblo, ofreciendo un espectáculo muy atrayente, sobre todo cuando pasaba la Fila completa.


Por mediación de El Chorro, se controlaba el agua que entraba en el pueblo para el servicio vecinal, de día, a simple vista, con sólo fijarse en el sector que ocupaba el agua en el módulo, y de noche como quien templa una guitarra, prestando oído al sonido característico que producía el agua al caer en el “toll” existente debajo del repetido módulo.


El Chorro era, sin duda alguna, la medida de la “Fila d’Aigua” reglamentaria en el “Rec de les Hortes del Poble” y por similitud igualmente reglamentaria en el “Rec del Llombo” y resto del Término Municipal.


De la popularidad de El Chorro, basta decir que la calle próxima a él se denomina oficialmente calle del Chorro, los vecinos de la parte alta del pueblo vivían en El Chorro; para resaltar la avaricia de alguien decían: “este no te prou ni en el Chorro” y una respetable familia, primeros medieros de la masía Palmera Nueva, adquirió el apodo, Chorro, que aún subsiste, por haber vivido en dicha calle. Esta familia tenía una mula, que adquirió el nombre de “Mula Chorra” y se hizo famosa porque cierto día que se encontraba enganchada al carro, en la plaza, se espantó y enfilando la calle de La Fuente (el carreró) a galope tendido, la recorrió de uno a otro extremo, volcando al caer al “bancal del Tío Fernando”, situado al final de dicha calle, dos metros más hondo que ésta. Este suceso se tuvo por milagroso por tratarse de una calle tan estrecha que a duras penas puede pasar un carro sin “empeçonar” en las paredes, calle siempre concurrida por hombres y mujeres trabajando en el esparto y niños jugando. La Providencia dispuso que durante cincuenta segundos esta calle quedara totalmente libre para que la mula Chorra realizara su loca carrera. No hubo que lamentar ninguna desgracia personal y la mula, tan pronto fue levantada, marchó en busca de la hierba; pero los vecinos recibieron tan gran sobresalto que durante mucho tiempo salían a la calle temerosos de que se repitiera tan insólita carrera.


El Chorro desapareció al construir el “llavador de dalt” y según manifestaciones del Sr. Concejal Encargado de Obras, D. Manuel Lluch Espí, dicho módulo debió de ser enterrado en el camino del Cementerio próximo al citado “llavador”, perdiendo el pueblo un valioso testimonio histórico en materia de aguas.


La norma de colocar una caña en el tapón de la balsa y así regular la dotación de agua para “Servici de Poble” no era del agrado de algunos, egoístamente partidarios del “río revuelto”, los cuales ya habían intentado su abolición en repetidas ocasiones, fracasando siempre por la enérgica oposición de los vecinos.


Vino un año de sequía y “el Dimoni mai dorm” aconsejó volver a la carga, pero en esta ocasión con hipocresía, taimadamente, pidiendo con toda humildad solamente la suspensión de la caña durante unos meses para “salvar les collites”, y los vecinos, considerando razonable tal petición aceptaron gustosos el sacrificio que se les pedía. Pasó el verano, se salvaron “les collites” y como en invierno todos los días “anava l’aigua a pedre”, los vecinos no notaron su falta; pero cuando se hizo necesario volver a la normalidad, todo eran reticencias, subterfugios, esquiveces, con la finalidad de ganar tiempo y aburrir a los vecinos, para en definitiva, apropiarse, fraudulentamente de la “Teula d’aigua”, dotación del imprescindible elemento, del que venía disfrutando el pueblo desde sus remotos orígenes.


Este proceder beneficiaba a les “Hortes de Dalt”, porque al no pasar la Fila por el pueblo, nadie les podía quitar una sola gota de agua, pero pisoteaba los derechos del pueblo y perjudicaba, en gran manera a las “Hortes de Baix”, porque los vecinos, que no olvidaban el derecho que tenían a su dotación de agua, al ver que con falaces procedimientos, se la habían arrebatado, cuando la “Fila d’aigua” pasaba por delante de sus casas, recordaban el engaño de que habían sido objeto y, enfurecidos, tomaban la revancha; levantaban las trapas (motes) de la acequia y de ellas y de los lavaderos existentes a ras de suelo, uno en El Chorro y otro en la Plaza, cogían agua para los animales, para regar plantas, calles y patios y para llenar “cocis, gerres y gerronets”; pero con tal avidez, que en ocasiones mermaban tanto la Fila, que ésta llegaba a los campos tan extenuada, que moría al tocar tierra trabajada, y… también las cosechas morían de tristeza, al no recibir, el beso vivificante del agua.

Les Coves de L'Arena

En la mente de todo benissodense perdura el recuerdo de aquellos masivos desplazamientos o romerías, que hasta que sobrevino la Guerra Civil de 1936, realizaban anualmente los vecinos de Benissoda a Coves de l’Arena los jueves de Cuaresma, al objeto de disfrutar de un día de asueto en dicho lugar, saboreando sin prisas sus purísimas aguas y “menjar-se la cassoleta” entre las aromáticas plantas de las cuales liban la miel las abejas.


Los días designados para dichas concentraciones, acudía a las cuevas gente de toda edad y condición, cada cual con un programa hecho a su medida y todos basados en el sano disfrute del sosiego y quietud del lugar. Allí acudían alegres grupos de chicas y mujeres casadas, que permanecían en Les Coves el tiempo que les permitían sus respectivas obligaciones; mientras otros grupos, después de comerse “La Cassoleta”, se entretenían practicando algún juego, o bien se iban de paseo hacia El Baladrar, La Torreta o el Pantano; pero los verdaderos protagonistas de la fiesta eran las mismas familias entras que pasaban el día completo en  Les Coves, a donde iban temprano y hasta mediodía trabajaban en el esparto, y después de comerse “La cazoleta”, que algún familiar les había subido, organizaban partidas de “Burro”, “Brisca” o “Set i mig”, pagando con almendras como moneda corriente. Las mujeres organizaban infinidad de juegos propios para gente joven y como nunca faltaba una guitarra y un par de castañuelas, ya estaba el baile (la Jota), que tenía buena aceptación, asegurado y daba vida y alegría a las cuevas. Los chicos solían organizar partidas de “Canut, Chapas i Garrotet” y en cuanto a los hombres maduros, solían aprovechar la quietud de alguna cueva para protagonizar una reñida partida de Truc.


Coves de L’Arena también eran constantemente visitadas con motivo de paellas, meriendas, comer “La Fogassa” por Todos los Santos o la “Mona” por Pascua y en todo tiempo por el placer de practicar excursiones o dar paseos por sitios agradables. Las Escuelas también organizaban su día de “La Casoleta”. Los niños, con nuestro respetado y siempre gratamente recordado D. Miquel Robledo Catalá, íban casi siempre cerca de alguna masía en previsión de lo que pudiera pasar; pero nunca fallaba la visita a les Coves, y en alguna ocasión coincidimos con las niñas de “La Costura” con su maestra Mª Dolores Morales Alcaraz.


Procede que dediquemos un afectuoso recuerdo a los dos beneméritos maestros mencionados, que en su día decidieron quedarse en Benissoda, donde nadie quería venir porque las viviendas no reunían condiciones, el agua estaba lejos, la luz eléctrica todavía tardaría un año en instalarse y en las calles no existía más iluminación que la de la linterna de San Antonio en la Plaza; pero D. Miquel y Dª María con altruismo y decisión se enfrentaron con todas las dificultades, cerraron el paso al analfabetismo y abrieron las puertas de la cultura al pueblo, ganándose el afecto de los vecinos.


D. Miquel se hizo cargo de la escuela el 1º de Mayo de 1907 y Dª María, el 13 de Julio del mismo año y los dos dedicaron toda su vida docente en Benissoda.
Benissoda tiene una deuda con D. Miquel y Dª María.


Coves de L’Arena tiene como atractivo su amena situación topográfica, la libertad de acción de que allí se goza, la pureza de aires que se respira, el bienestar que envuelve al visitante, que descansa unos instantes sobre una peña o a la sombra de los árboles de la fuente, la satisfacción que se experimenta al contemplar el entorno de las Cuevas, La Mota y los resto de las derruidas presas, que fueron del Molino, obra de nuestros antepasados. Cuevas y el pueblo nacen a la par, pues la primera extracción de arena que da vida a las Cuevas, pasa a formar parte del mortero con que se levanta la primera pared que anuncia el nacimiento del Pueblo. Pueblo y Cuevas, hoy, en su ya larga vida (entre 950 y 1200 años) han sido testigo de muchas guerras, sequías y diluvios, bandolerismo, persecuciones religiosas, y un sinfín de vicisitudes de toda índole, que han ido moldeando su propia historia, de la cuales, en la mayoría de los casos, tan solo llega hasta nosotros una breve anécdota o una mermada leyenda, como la siguiente.


En la época en que se desarrolla el presente relato, el pueblo se encontraba comprometido en la terminación de las excavaciones en el nacimiento de El Baladrar, construir un azud un poco antes de la primera curva del barranco, construir una acequia para la conducción de las aguas desde el citado azud hasta Coves de L’Arena, donde también había que hacer un partidor de aguas, “La Mota”, para distribuir dichas aguas entre “Servicio del pueblo y los riegos”. 


Los vecinos, deseando dar el mayor realce a la obra, acuerdan celebrar una gran fiesta el día de la entrada de las aguas en La Mota; llegado el deseado día, los moriscos con su acostumbrada antelación acuden a Coves de L’Arena con sus borricos, en cuyo serón llevan la comida y algún útil más y con la velocidad del rayo, queda montado un animado campamento.


Llegado el momento, desde el Azud, se dirige el agua hacia La Mota, donde pocos minutos después ya entra y sale de ella según lo deseado. Hombres, mujeres y niños saltan, gritan, corren de un lado al otro, se abrazan, se saludan, se dan palmadas de enhorabuena y hasta los más rudos moriscos lloran de alegría.
Llegada  la hora de comer, tendieron los serones a uno y otro lado de la acequia, sobre ellos colocaron la comida y se tumbaron las personas, de forma que con la mano o con el “carabací” podían coger el agua. La comida fue reposada y tras ella, mientras algunos organizaban juegos, otros con la cabeza rozando la acequia durmieron la siesta al dulce murmullo del agua… Cenaron de la misma forma, encendieron infinidad de hogueras y al amanecer se dispersaron.


En años sucesivos se repitió la mencionada concentración, pero con todo el colorido de un zoco y paradas de carne, de dulces fritos, cerámica y transacciones de semillas, animales y aperos etc.


Creemos que en estos zocos moriscos radican los orígenes de nuestras reuniones en Coves de L’Arena.